Visité a Marcel.li Antúnez en su estudio-taller del Raval de Barcelona. Un amplio galpón con espacios diferenciados para el almacenamiento de obra, los ordenadores, los rotuladores y la pintura. Apenas cruzo la puerta, Marcel.li -quien sabe de mis intenciones de hablar sobre la preservación de su trabajo-, me espera con un cuadernos de dibujos en la mano… “hay detalles bastante absurdos… ves esta libreta… esta es de los últimos meses. Ahora ya les pongo la fecha (…). Pero tengo bastantes [libretas] que cuesta mucho saber de cuándo son…”.
Y acto seguido me avisa que se le acaba de arruinar un disco duro debido a las bajadas de tensión del verano y que cree que el daño es irreversible. Conversando sobre altas y bajas de tensión, back ups y olvidos, recorremos su estudio, y terminamos sentados en un sillón en el que conversaremos durante más de una hora sobre cómo almacena su obra en Moià, cómo la documenta exhaustivamente ya desde la época de la Fura dels Baus (…tuvo un fotógrafo que lo siguió diez años en sus presentaciones en Catalunya… “me preocupa, intento ser bastante atento en buscar gente que documente las cosas”), y de su nuevo proyecto para un catálogo completo de su trabajo.
También hablamos sobre la evolución de sus piezas en el futuro, qué cambios entiende cómo posibles y cuáles no. Sobre la gramática de las obras de arte tecnológico (la preservación de su comportamiento). Él desvía el tema desde la preservación hacia la zona ineludible de la difusión, prácticas que se funden y se confunde en muchas ocasiones.
Una semana después de habernos visto, disfruto leyendo mis notas y transcribiendo la conversación-entrevista que mantuvimos, y en la que aparecen temas controvertidos e interesantes sobre las obras de arte, la construcción de su valor y sus modos de permanecer en el tiempo. Entre ellos, se cuela un reflexión entre permanencia, recreación y autenticidad, tal como se puede extrapolar de la siguiente declaración de Antúnez:
“Yo creo que cualquier obra puede tener un manual. Podría haber un manual de Las Meninas también: de cómo hay que pintarlas, cómo hay que poner las piezas. Lo que pasa es que en ese caso la obra es el propio manual. Pero no descarto esta idea”.
Continuaré…