Recorriendo la exposición “Autogestión” en la Fundació Joan Mió de Barcelona, me encuentro un muro con diez obras de Pere Llobera. La historia cuenta que en 2014 Llobera curó una exposición (Una Exposició Lluminosa) a la cual le falto presupuesto para incluir una de las obras escogidas. Frente a esta situación, Llobera decidió reproducirla él mismo. A partir de este antecedente, se le encarga para la muestra en cuestión la apropiación y reproducción de 10 obras del catálogo de la muestra. En palabras de Llobera citadas por el curador, el artista actuaría como una “impresora al óleo”.
La práctica de apropiación y reinterpretación tan extendida en la producción artística es altamente conflictiva como táctica de preservación. Pero siendo este último punto del que me ocupo, no puedo dejar de ver en la obra de Llobera un modo más legar las producciones artísticas de nuestro tiempo: asimilándolas, transformándolas, regurgitándolas.
Un proceso que pone en entredicho la obra individual, enalteciendo una idea de producción colectiva en un tiempo y espacio dado. En donde no sólo los conceptos de autoría, sino también los de propiedad son implícitamente eliminados de la mesa de juego.
Llobera me recordó a Marcello Mercado y su Van Gogh Variationen, una caso que estudié minuciosamente. ¿Cómo conservar “Los girasoles” de Van Gogh sin poseer las obras?, se pregunta Mercado. No es que LLobera piense en términos equivalentes a los de Marcello Mercado, o a los míos. O al menos no hay indicios de que así sea. En contra de todos los principios de autogestión e independencia de los artistas con respecto a discursos no vernáculos que rigen “Autogestión”, superpongo mis propias preguntas a la obra. Y , de alguna forma, encuentro en ella una vía para respuestas posibles para pensar la preservación y transmisión del arte, lejos de la idea patrimonial, y más cerca del fluir de la vida (y, por tanto, de la creatividad).
Imagen: Homage NY (2015) Pere Llobera.