Unos niños juegan con pipas (cometas) en lo alto de una colina, se escuchan ruidos de taladradoras y ladridos de perros. La vista de São Paulo es espectacular. Estoy casi segura de que es la primera vez desde que he llegado a Brasil que consigo ver más allá de esos rascacielos grises que dan nombre a la cidade cinza (ciudad gris). Me encuentro en la Ocupação Esperança, un terreno abandonado hace más de 30[1] años situado en el municipio de Osasco al oeste del centro expandido de São Paulo. El terreno fue ocupado hace algo más de tres años y actualmente viven allí unas 500 familias. Ari, de la Associação de Moradores da Ocupação Esperança y mi guía en esta visita, alza el brazo y me señala la Avenida Paulista a lo lejos. Creo divisar la torre de TV y la hondonada entre los edificios que se me asemeja a un valle de asfalto, casi consigo oír el incesante tráfico que sólo descansa los domingos. A nuestros pies barracos de madera con techos de uralita, en los márgenes de la ocupación un helipuerto y una fábrica, a nuestra espalda la floresta. “Aquí queremos construir la creche (guardería) ¡Mira que vistas!”. Ari alza los brazos en dirección a la ciudad abarcándola casi por entero mientras nos explica cómo se imagina la construcción de la guardería. Le gustaría que tuviera una segunda planta para que los adultos también puedan utilizar el edificio sin molestar a los niños, para que pueda ser usada como centro cultural en “el barrio que están construyendo”.
Descendemos por un camino de tierra y llegamos a lo que parecen ser las primeras plantas de unas casas con paredes de bloques de cemento. “Aquí comenzó el incendio” dice Ari.La “desgracia” como se refieren algunos de los moradores de la Ocupação Esperança se propagó el pasado 13 de septiembre y destruyó unos 200 barracos lo que significaba un 40% de la comunidad. Los incendios en favelas y ocupaciones parece ser una triste constante además de un tema controvertido en la ciudad. En los últimos 20 años han sido más 1200 incendios[2] los que se han propagado en favelas por todo São Paulo. Como este tipo de casualidades generan sospechas, los periodistas César Vieira, Conrado Ferrato y Rafael Crespo registran en el documental Limpan com Fogo la presunta relación entre estos incendios y los “intereses inmobiliarios”. Ari, quien regenta uno de los bares de la ocupación llamado Pirokas, continúa con la visita y nos muestra las casas que están siendo construidas. Estas casas son diferentes a las anteriores al incendio siguen un diseño establecido por un grupo de arquitectos que colabora con los habitantes. Recreo mentalmente la primera foto que vi del diseño de las casas fue en una conferencia celebrada en la Universidade Federal de São Paulo (UNIFESP) con motivo de la inicio de la campaña Ocupe Esperança. El propósito de la campaña es concreto y persigue un objetivo específico: conseguir el dinero suficiente para completar la construcción de una máquina para hacer bloques de cemento. Dicha iniciativa partió de dos de profesores de la UNIFESP, Salvador Schawelzon y Claudia Moraes, junto con alumnos de esta facultad localizada en el municipio de Osasco. En aquélla conferencia una de las arquitectas del colectivo Carolina Laiate concretizó con qué fin trabajaban y en qué pensaban cuando junto con mujeres de la ocupación diseñaron los planos de las viviendas, esto es: “conseguir la permanencia en el área por parte de los moradores” así cómo minimizar los daños provocados en un hipotético futuro incendio. El incendio trajo consigo la reevaluación de cómo se quería seguir construyendo el nuevo barrio. Los arquitectos realizaron mapeos del terreno con drones tras el incendio para diseñar el nuevo trazado de las calles hacerlas más amplias y crear zonas colectivas. Carolina reconoce que trabajar en este proyecto es complejo y aun así gratificante dado que se trata “una disputa política por el futuro”.
Pero a pesar de los avances, para Irene Maestro de Luta Popular, organización política que actúa dentro de la ocupación, conquistar la casa no es una victoria completa porque “continua la violencia, continua la basura, continua la ausencia de transporte…”, lo que ellos quieren es un proyecto de “transformación radical”. Lo que ellos quieren es “construir un barrio”. Así me lo parece en mi primera visita. La ocupación cuenta con tres bares, dos iglesias pentecostales y una asociación de mujeres que se reúnen cada viernes “para intentar integrarlas en la política”. Entre sus moradores hay vendedoras ambulantes, amas de casa, albañiles, temporeros, oficinistas…. Cuando mi acompañante y yo salimos del laberinto de calles sinuosas y escaleras estrechas que dan a parar a la carretera sin asfaltar donde juegan unos niños en el barro, me encuentro con un cartel amarillo a modo de aviso: “¡Aquí no se compra ni se venden lotes! Somos una comunidad en lucha por la vivienda. Quien vende sale, quien compra no entra”.
Todos estos elemento expuestos: la creación de una asociación de mujeres, el uso de los drones para el parcelamiento del terreno, el plantear un tipo de arquitectura colaborativa, el registro y mapeamiento de los incendios en favelas, la campaña crowfunding… Configuran un proceso de “auto-construcción” de ciudad y lo hacen en la periferia de Sao Paulo creando y apropiándose de “su propia historia y su propia lucha”[3].
Notas:
[1] https://www.brasildefato.com.br/2016/09/15/apos-incendio-ocupacao-esperanca-resiste-em-osasco-sp/
[2] http://www.cartacapital.com.br/blogs/speriferia/documentario-expoe-o-que-esta-por-tras-de-incendios-nas-favelas-de-sao-paulo-7454.html
[3] Informante anónimo y activista político (esperando permiso)